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Cómo llegó la Domótica a mi Vida (I)

Así ve un Arquitecto Técnico la evolución de las instalaciones domóticas en su día a día profesional

Hoy comienzo a publicar una serie de artículos a los que he llamado Cómo llegó la domótica a mi Vida. Con ellos podréis conocer cómo vemos este sector desde el punto de vista profesional y el mío personal. Para lograrlo os mostraré casos de mi experiencia profesional y de instalaciones domóticas reales.

Antes de nada y para aquellos que no me conozcáis, que imagino seréis la mayoría, me presento.

Mi nombre es Alberto Figueroa, Arquitecto Técnico y uno de los cofundadores de HomeQube. Si estáis interesados o queréis conocerme os recomiendo leer la entrada en el blog que publicamos hace un par de días con más información sobre mí.

Comentaros que inicié mi actividad laboral dedicado a la profesión en el año 2006 y os voy a hablar de cómo se fue integrando la domótica en mi vida a lo largo de los años. Creo que es un proceso realmente interesante y de lo que no hay demasiada literatura. Por esta razón y como si fuese una novela iremos viendo por capítulos y con todo lujo detalles cómo se ha producido.

La primera Instalación de Domótica que me pidieron

Recuerdo esa primera obra, en el ya lejano año 2008. Un promotor decidió instalar domótica en una promoción de viviendas. Era una obra en la zona vieja de Pontevedra, siendo más exactos, en la Calle Real. Se trataba de una rehabilitación con un pequeño local comercial, y 3 viviendas. Una de estas se encontraba en la planta primera ocupando toda la superficie de la parcela de unos 140m2 útiles. Las otras dos viviendas se alojaban en la segunda y tercera planta, también con la misma superficie útil por vivienda.

Estamos hablando de 3 viviendas de mucha calidad. Por esta razón, querían que tuvieran también domótica integrada en ellas. He de reconocer, que mi conocimiento de instalaciones domóticas en aquel momento era muy reducido. Así que nos dejamos guiar por una empresa de electricidad la cual tenía un producto basado en Windows. Hacía uso de unos sensores y actuadores que se podían controlar con una “tablet” montada en la pared de la entrada de la vivienda.

Esta instalación domótica nos permitía apagar y encender las luces, apagar y encender la calefacción y apagar y encender el cierre del agua a través de una electroválvula instalada por el fontanero. Electroválvula que a su vez también estaba conectada a un sensor de inundación colocado en el lavadero y otro en la cocina. Todo esto, por supuesto, estaba cableado.

El programa funcionaba bajo Windows, y la verdad, no me molesté demasiado en conocer las funcionalidades. ¿Por qué? Respuesta fácil la verdad. Y es que tan solo observando el precio que rondaba los 5.000€ no me resultaba un producto demasiado atractivo para replicar en otras promociones. Ni tampoco incluirlo en proyecto. Además, su usabilidad me parecía muy poco intuitiva, funcionaba mal y era lenta. Lo único que me parecía práctico, era que al salir de casa que podías comprobar que las luces estaban apagadas y podías cerrar el agua. Pero todo se acababa ahí, no valía lo que costaba.

De esta promoción solo se vendieron 2 viviendas de las 3, ya que coincidió la crisis económica del 2008 y afectó a la venta. Algo que los que venimos del sector de la construcción lo sufrimos de una manera realmente fuerte. Esa vivienda estuvo sin propietario hasta que, por fin, en el año 2011 se vendió. ¿Pero sabéis una cosa? Resultó que en apenas dos años la domótica instalada estaba completamente obsoleta. Y aún peor, este sistema no tenía soporte y por tanto la instalación realizada dejaba de tener sentido. Imaginaros la sensación de vender algo tan caro y que de repente te digan: “no puedes añadir nuevos servicios ni funcionalidades, a no ser que quieras rehacer la instalación….”

Dificultades y un problema común

A lo largo de estos años, me encontré con otros compañeros del sector de la construcción como Arquitectos, Aparejadores, Promotores y Constructores que tuvieron experiencias similares. Con lo que estas sensaciones y pensamientos llenos de frustración que tenía en relación a la instalación de domótica en ese edificio de Pontevedra. Y en general también de la Domótica, eran coincidentes con las de ellos.

Y os diré algo más, 12 años más tarde, este discurso sigue siendo generalizado incluso a día de hoy: “La domótica es algo caro, que pronto queda obsoleto”, “no es práctica”, “hay que pensar en cómo la vamos a integrar antes de ejecutar la vivienda”.

Conclusión…pues que a muchos ni les parece interesante ni la van a proponer en sus proyectos. Pese a que somos conscientes de que el mercado y los Clientes cada vez nos la piden más. Clientes a los que por tanto debemos plantearle el proyecto y el presupuesto, escuchándoles quejas sobre el precio o preguntándonos si no se quedará “anticuada muy pronto” tal y como le pasó a gente que conocen. Y la respuesta que le damos no les convence. Pero, aun así, la contratan. Sed conscientes, de que estamos hablando de una inversión considerable.

Esta era la idea que tenía yo también de la domótica….hasta que mi socio y compañero Juan Alfonsín, me abrió un nuevo mundo. Después de ver la evolución y las posibilidades que hay a día de hoy en el mercado. Especialmente, con la llegada de productos inteligentes que nada tienen que ver con esas soluciones caras y tan cerradas que os mencioné unos párrafos atrás. Y por supuesto, poco tienen que ver tanto en la idea de producto como en posibilidades y servicios. Así que esto es de lo que os quiero hablar a partir de ahora.

Integrar la domótica en un proyecto no era fácil

La dura realidad del IoT

En el año 2010 conocí a José A. Gil. Quien durante 5 años realizó muchas de las instalaciones de calefacción, fontanería y saneamiento de las viviendas unifamiliares de las que yo gestionaba su construcción. Os hago saber que también las dirigía como aparejador. Tras muchas conversaciones con él, durante el el año 2015 decidimos crear una empresa juntos. Empresa dedicada a las instalaciones y a la eficiencia energética. Apuesta potenciada al incluir a un tercer socio, el cual tenía empresas tecnológicas. Buscábamos sinergias con las que, si en algo debíamos destacar y ser diferentes, era en que las instalaciones que nosotros realizáramos tendrían que ser inteligentes.

Durante el primer año gestionamos un proyecto de I+D, desarrollando en conjunto con la Universidad de Vigo un logaritmo que mediante triangulación entre diferentes estaciones meteorológicas «low cost”, podíamos conocer datos de temperatura y humedad de forma más precisa en cualquier lugar dentro de esta triangulación. La idea para nosotros, era precisamente con dichos datos, gestionar las instalaciones de climatización o calefacción de forma que autónoma. Y os estoy hablando de una tan sencilla, que era compleja y cara en su ejecución. ¿Qué sucedió? Pues simplemente, no se avanzó en ella.

Vayamos al año 2017. Iniciamos otro proyecto. En esta ocasión relacionado con las smart cities. El objetivo era, o al menos se pretendía, desarrollar una placa electrónica para controlar la iluminación y los consumos de las ciudades. A mayores también instalamos dispositivos para averiguar cuándo los contenedores de basura estaban llenos y poder hacer rutas más eficientes en función de las necesidades. Os hablo de un proyecto que desarrollaba una gran empresa de telefonía. Pero la dificultad para implantarlo en los Ayuntamientos, y una vez más, lo caro que resultaba hacerlo, hizo que tampoco tuviera éxito.

Un punto de inflexión

A finales del año 2018, mi socio Juan A, del que os he hablado antes, era conocedor de mi interés por el internet de las cosas (Iot) y la domótica. Y por supuesto, el conocimiento tan amplio que él tiene sobre el tema y lo friki que es, sirve para que comience a hablarme en detalle de todo ello. Más aún cuando le menciono los problemas en la instalación que nos encontrábamos desde la construcción. Es quién comienza a hablarme de soluciones del mercado accesibles a cualquiera, asequibles y prácticas. Soluciones que individualmente, resuelven todos los problemas fácilmente y dan todas las posibilidades que buscábamos para cualquier vivienda.

A modo de ejemplos, supuso el ver que de repente puedo abrir y cerrar portales en la vivienda. Puedo automatizar las persianas, las luces de la vivienda, abrir y cerrar la puerta de entrada, controlar el termostato de la calefacción, hacer inteligente la tv antigua de mi salón, la impresora, cámaras de vigilancia IPTV, cierre del agua o del gas, sensores de presencia, de apertura de puertas, asistentes de voz y un sinfín de cosas más…todo lo puedo controlar con aplicaciones móviles del fabricante, sin dificultades en su instalación ni cableados.

Y esto que aparentemente era muy útil y fácil, tenía un gran problema. Los dispositivos de diferentes fabricantes no se entendían entre ellos. Es decir, eran incompatibles. Cuando por ejemplo compraba una cámara de vigilancia de una marca determinada y quería que se encendiera con un sensor de presencia de otra marca diferente no se comunicaban y por tanto tampoco se entendían. Estaba cojo, no podía aprovechar todas las funcionalidades de estos productos. Algo a priori tan complicado para mí, se podía resolver sin problema. “Solo” se necesitaba del conocimiento necesario para poder integrar todos los dispositivos entre ellos a través de una aplicación. Algo que me convenció y que rápidamente nos pusimos manos a la obra para comenzar a desarrollar. El conocimiento lo teníamos gracias a Juan a partir de este momento nació HomeQube.

Los sistemas “cerrados” y cableados

Como vengo escribiendo en este artículo, aún a día de hoy, la mayor parte de los agentes de la edificación (Arquitectos, Arquitectos Técnicos, Ingenieros de Edificación, Promotores y Constructores) tienen un concepto negativo de la domótica. Lo ven como un sistema caro, complejo y que fácilmente queda obsoleto en el tiempo ya que la tecnología avanza muy deprisa. Y además, requiere una instalación complicada al tener que cablear todo el hogar y paredes, perjudicando a la calidad de la obra.

Podríamos decir que los Sistemas de Domótica se ven como una tecnología muy cerrada. Casi me atrevería a aventurar como de tipo industrial. Sistemas propietarios y sin compatibilidad hacia dispositivos de distintos fabricantes. Sistemas a los que a partir de ahora los voy a denominar “sistemas cerrados”.

Os aseguro, que lo que se necesita en este sector en cambio, son soluciones más domésticas, compatibles con cualquier tipo de dispositivo, sencillas de utilizar, intuitivas, accesibles y conocidas. Por cierto, a estos sistemas los voy a llamar “sistemas abiertos” para que nos resulte más fácil. Los cuales, a día de hoy, son tendencia en el mercado, pero curiosamente son desconocidos en el sector de la construcción.

Y las Soluciones Abiertas

En las siguientes líneas, os voy a explicar un poco con ejemplos comerciales lo qué es un sistema cerrado y un sistema abierto. Con lo que podemos identificar aún mejor estos sistemas. Simon 100 io, Mijia de Xiaomi, Schneider, son sistemas cerrado. KNX (este entre comillas), Domoticz o HomeQube son sistemas abiertos.

Si observamos el caso de una obra de edificación, un sistema cerrado funciona de forma muy diferente a un sistema abierto. El sistema cerrado de domótica normalmente es cableado y por tanto debemos pensar con antelación a su instalación la posición de los dispositivos o mecanismos e incluso la lógica de su funcionamiento. Esto no es fácil de decidir ya que como comenté, no hay gran experiencia en cuanto a estas instalaciones. Por ello nuestra lógica no siempre coincide con la lógica del usuario final.

Cómo no tener problemas con las Instalaciones Domóticas

Y debemos añadirle más problemas. Por ejemplo, dejar la tubería necesaria para poder permitir una ampliación futura de la instalación domótica. De hecho, en determinadas Comunidades Autónomas, se obliga Decreto a una preinstalación por lo que esa tubería ha de cumplir unas características y ser dedicada exclusivamente para domótica. Por supuesto, lo que también es malo, te hace gastar dinero en una preinstalación que nunca va a ser utilizada, o no en la medida que se pensó.

Asimismo, en muchas obras, se modifican sus interiores, incluso bastante antes de lo que nos podríamos esperar. Conozco un buen número de promociones en las que se deja la tabiquería preparada para ser modificada tan pronto se consiga la licencia de 1º ocupación. En estos casos, posiblemente no hay previsión de una posible instalación domótica cableada.

Si entramos a analizar la ejecución de la obra seguimos sumando problemas. Os relato algunos. Por ejemplo, el que supone tener que empotrar las tuberías en las paredes. Esto obliga a un replanteo inicial de dicha instalación. El rozar el tabique afecta a la calidad de la tabiquería. Pasar tubos por los techos generalmente es otro problema pues se debe cumplir con las alturas libres que nos obliga la normativa. Rozar paredes que a priori, incluso está prohibido, como pueden ser los tabiques divisionarios entre viviendas. Esto último que os menciono es “ilegal” pero en infinidad de veces se realiza. Lo que hace que afecte a la acústica entre viviendas o estancias. Para los revestimientos también suele ocasionar dificultades, pues lo recomendable sería utilizar mallas para evitar fisuras en los paramentos. Son mil cosillas que se suelen dar y que nos acercan a la complejidad que rodea a la instalación.

Todo esto, se puede evitar con sistemas abiertos que se comunican de forma inalámbrica, y que se pueden ampliar fácilmente, e integrar con el ecosistema creado en la vivienda en cuestión de horas. Fácilmente podemos elegir donde instalarlos y cambiar de opinión al día siguiente. O sustituirlos en caso de reforma. Y por supuesto, que lo puedes instalar cuando te lo puedas o quieras permitírtelo. Y además para los técnicos, instaladores y constructores se simplifica enormemente su instalación ya que se puede realizar una vez acabada la vivienda sin afectar a los tiempos de ejecución o a las rutas críticas o de tiempos de entrega de la vivienda.

Esto en lo que se refiere a obras nuevas y en las que es más fácil adelantarnos a las necesidades actuales, pero no a las futuras.

Ya si entramos en rehabilitaciones, la cosa se complica con sistemas cerrados. Si estamos ante una rehabilitación integral en la que debemos sustituir la tabiquería, el problema es el mismo que en una obra nueva. Pero como la intención sea ir al menor gasto posible y mantener la mayor parte de la distribución de las instalaciones existentes tenemos un problema serio. La instalación de estos sistemas cerrados se podría decir que la hacen prácticamente inviable por coste y dificultad de ejecución. Por tanto, lo más probable es que la descartemos. A no ser que apostemos una vez más, por sistemas abiertos de domótica e inalámbricos de los que he explicado como resolverían todas estas dificultades en cuanto a ejecución.

¿Pero qué sucede cuando el proyecto al que nos enfrentamos es un proyecto de decoración o una reforma de un local comercial? Proyectos en los que básicamente vamos a respetar el espacio y las instalaciones, pero queremos modernizarlo.

En este caso, ni tan siquiera se plantea un sistema cerrado por lo que supone la dificultad de su ejecución. Algo que se resolvería y que no nos daría problemas si implementásemos una solución abierta de domótica inalámbrica para resolver problemas de acceso, control, confort, o vigilancia y modernizar realmente el espacio.

Es fácil de entender que la mejor opción en cuanto a la ejecución de una obra o reforma son las soluciones abiertas e inalámbricas, pero ¿por qué no las instalamos? Esto lo dejamos ya para el próximo episodio. Así que estad atentos al blog.

Muchas gracias,

Cofundador de HomeQube